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Experiencia nefasta, no veo el momento de salir de este infierno de universidad. Lo único bueno que me llevo de aquí son los compañeros porque estamos todos igual de fastidiados. La mayoría de los profesores (no todos) no tienen vocación ninguna por la enseñanza y te hacen la vida imposible, las asignatura se te hacen un infierno, llegando a pagar cuartas matrículas (y no por falta de estudio). La mayoría de las clases son del año de Jesucristo y con el dineral que nos sacan con las matrículas no hacen ni por reformarlas porque prefieren gastarse el dinero en congresos y eventos ajenos a la universidad por los cuales nos han cerrado la cafetería y biblioteca de manuales a una semana de los exámenes finales. Los asientos de la mayoría de las clases son tablas de madera incomodísimas. Además, el acto de graduación corre de nuestro bolsillo porque tenemos que alquilar un salón de actos. Para eventos ajenos a nosotros sí hay espacio pero para la graduación no. El alumnado es la última porquería de esta facultad, piensan que somos robots. Si pudiese volver atrás no me matricularía en esta facultad ni loca. Que me paguen el psicólogo y el fisio porque después de cuatro años no sé si me ha perjudicado más a la salud física o a la mental. Si queréis ser felices, NO OS MATRICULÉIS EN LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA (al menos en filología hispánica). Lo único bueno que tiene esta odiosa facultad es que tiene el 100 montaditos enfrentes y al menos puedes darte una alegría después de estar amargada todo el día.